Dra. Andrea Romera, Ph. D

Especialista en Dolor en Asturias y Cantabria

Fellowship de Dolor Crónico en The Walton Centre

en Liverpool (Reino Unido)

European Diploma in Pain Medicine (EDPM)

de la European Pain Federation (EFIC)

Máster en Abordaje Integral del Dolor

de la Sociedad Española Multidisciplinar de Dolor (SEMDOR)

Tesis Doctoral Cum Laude

en lidocaína intravenosa por la Universidad Complutense de Madrid

Soy médico, anestesióloga y experta en Dolor Crónico

Convencida de que solo una formación rigurosa y reglada permite atender con criterio y honestidad clínica, me trasladé con mi familia a Inglaterra para trabajar en The Walton Centre de Liverpool. Este hospital, reconocido internacionalmente por su Programa Integral de Manejo de Dolor y por sus consultas especializadas en Dolor Facial, Dolor Pélvico, Dolor Transicional, Síndrome de Dolor Regional Complejo y Neuromodulación, atiende a una población de cuatro millones de personas.

Aunque sigo manteniendo mi vínculo con el centro británico mediante un contrato de investigación, me he asentado en Asturias para ofrecer aquí un encuentro moderno e individualizado con el paciente, en el que combino diagnóstico clínico, tratamiento farmacológico, técnicas intervencionistas mínimamente invasivas y enfoque biopsicosocial.

¿Por qué necesita una experta en Dolor Crónico?

Porque el dolor crónico es una enfermedad en sí misma y, al igual que cualquier otra patología, exige el abordaje de médicos altamente especializados.

Necesita una profesional que sepa que vivir con dolor no es vivir, sino que es dormir peor, perder movilidad y disfrutar menos de las cosas. Es dejar de peinarse, cancelar un paseo, ser incapaz de sujetar el cuchillo y el tenedor. Poner excusas para no ir a restaurantes porque las sillas no tienen respaldo. Desapuntarse del gimnasio. Cambiar la interacción con los otros miembros de la familia. No reconocerse. Echar de menos a quien se era antes de que todo doliera.

Los enfermos precisan facultativos que miren más allá de sus resonancias magnéticas y entiendan que el dolor afecta a todas las dimensiones de la vida diaria.

El componente biológico del dolor: 

A menudo no es imprescindible intervenir quirúrgicamente sobre la lesión estructural inicial. 

Gracias a las técnicas intervencionistas, se puede actuar directamente sobre los nervios responsables de transmitir esa señal desagradable al cerebro, evitando en muchos casos cirugías mayores.

¿Sabía qué.....?

Muchos dolores de rodilla mejoran al tratar los nervios de esa articulación.

El componente psicológico del dolor:

El dolor crónico y las emociones negativas se retroalimentan. El miedo, la tristeza o la ansiedad actúan como potentes amplificadores de la percepción del dolor. 

A su vez, el dolor persistente genera este sufrimiento emocional, creando un círculo vicioso.

¿Sabía qué.....?

El miedo a moverse tiene nombre – kinesiofobia– y que es un factor predictor de evolución desfavorable.

El componente social del dolor:

El apoyo familiar, las presiones y expectativas laborales o el riesgo de aislamiento moldean la forma en que el sistema nervioso procesa el dolor. Un acompañamiento clínico sólido, fundamentado en la empatía y la comunicación, puede atenuar objetivamente la intensidad del dolor percibido.

¿Sabía qué.....?

La confianza y la comunicación honesta con su médico mejoran la adherencia y aumentan las probabilidades de éxito del tratamiento.

Elija bien a su especialista en dolor. Su forma de vivir depende de ello.

Sin embargo, pocas personas saben que existen profesionales especializados en dolor. Yo soy una de ellas.

He dedicado años a estudiar el modelo biopsicosocial y a prestar atención a tres dimensiones fundamentales del dolor:

1

Las causas biológicas del dolor

2

La relación entre dolor y emociones

3

La interacción entre factores sociales y dolor